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Muchos de nosotros recordaremos aquellas imágenes fantasmales que nos retransmitían programas como Salvados – especialmente durante los primeros años de la crisis – en las que aparecían obras públicas faraónicas prácticamente vacías de ciudadanos, pasajeros o usuarios y en donde nuestros contadores de personas se habrían muerto de aburrimiento. Estas obras podían tomar la forma de aeropuertos, estaciones, vías de tren e incluso, centros tecnológicos, pero en innumerables casos no habían nacido para satisfacer una clara demanda. A parte de generar una pila infinita de cimiento inútil y de edificios a medio hacer, con sus correspondientes deudas y costes de mantenimiento, parece que la locura también ha servido para grabar en lo más profundo de la conciencia ciudadana la necesidad de apostar por un uso más racional y social del espacio. Las pasadas elecciones municipales españolas sirvieron para demostrar la existencia de una nueva tendencia, sobretodo en las grandes capitales, que aboga por un urbanismo que conecte con la gente, que entienda mejor las dinámicas de los ciudadanos. Esta tendencia no sólo se vio en los resultados de las elecciones – del que se puede deducir una apuesta por cierto cambio de paradigma en varias de las mayores capitales – sino durante la propia campaña, en donde el uso del espacio cobró especial relevancia en los debates electorales.

 

En este sentido, veamos cuáles son los ejes de acción que se debatieron a lo largo de la campaña y que a nuestro entender deberían priorizarse de cara a construir las ciudades del futuro:

 

– Evaluar las inversiones según ratios coste-beneficio, teniendo en cuenta términos sociales y ambientales
– Potenciar el uso del transporte público a la vez que se hace más eficiente, adaptando el servicio a la demanda real.
– Suavizar el impacto turístico, evitando que se generen aglomeraciones en puntos concretos y distribuyendo la presencia de turistas a lo largo de la ciudad
– Restar protagonismo al vehículo privado introduciendo medidas como el peaje que funciona en Londres
– Racionalizar el gasto energético, apostando por sistemas inteligentes que funcionan bajo demanda y por sistemas de sensorización que permitan conocer el entorno en tiempo real (plazas de parking vacías, número de personas presentes, nivel de concentración de C02,…)

 

Trabajar en esta dirección requerirá fomentar la participación ciudadana en las tomas de decisiones urbanísticas, pero también apostar por obtener datos que permitan entender las dinámicas reales de los ciudadanos – flujos de personas, cuellos de botella, factores que afectan al comportamiento cotidiano, etc. – y poder actuar en base a información objetiva. En definitiva, creemos que la tecnología debería servir para que las ciudades del futuro puedieran ser más participativas y más inteligentes.