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Si utilizas el metro, seguramente te habrás sentido en alguna ocasión como sardina en lata. Es probable que en otras ocasiones te haya parecido que el vehículo era tuyo porque viajabas prácticamente sólo. Esto pasa porque planificar el servicio de metro es muy difícil dadas las múltiples disrupciones que se pueden originar a lo largo del día. Estas disrupciones vienen generadas por los siguientes factores:

 

– Aleatoriedad de la demanda por parte de los pasajeros (tanto a nivel de espacio com de tiempo)
– Factores externos que también afectan a la demanda, como la meteorología o los grandes eventos en la ciudad
– Incidencias en la red

 

La forma de minimizar el efecto de estas disrupciones es haciendo más flexible el servicio, permitiendo que se pueda adecuar mejor a la realidad de cada momento. Eso es posible si la responsabilidad de gestionar la operativa de los trenes se traslada de los conductores a un centro de control, es lo que se conoce como automatización del metro y existen varios niveles: desde el 2, en el cual hay un conductor que tiene algunas responsabilidades como el cierre de las puertas, hasta el 4, en el cual todo funciona automáticamente, gestionándose completamente desde el centro de control.

 

La automatización del metro no es un concepto futurista, sino que es ya una realidad: actualmente hay 48 líneas automatizadas operando en 32 ciudades de todo el mundo, de diferentes medidas y realidades demográficas. Como apunta Ramon Malla (Director de Líneas Automáticas de TMB) en este artículo, “el metro automatizado ya no es una tendencia a ser considerada o debatida, es una indiscutible realidad y sus beneficios están claros”; así de lo que toca hablar ahora es de como adaptar las organizaciones para que puedan sacar todo el provecho.

 

Dado que el motivo principal detrás de la automatización del metro es poder ofrecer un servicio que se ajuste mejor al comportamiento de los pasajeros, es crucial que oferta y demanda estén permanentemente conectadas. Si se han hecho avances importantísimos desde el lado de la oferta, ahora es momento de hacerlos también desde el lado de la demanda. En esta línea, es básico dimensionar esta demanda en todo momento, así como monitorear la afluencia de pasajeros a lo largo del tiempo e identificar qué variables afectan a su fluctuación. Es precisamente garantizando que la oferta (dinámica) se adecua a la demanda real que la automatización del metro resultará suficientemente atractiva como para justificar todos los obstáculos de convertir las líneas tradicionales. Es así como saldrán a la luz los beneficios inherentes a esta innovación: mejora del servicio y de la seguridad y optimización de los recursos.

 

En este enlace puedes conocer un interesante proyecto que la Universidad de Cambridge está haciendo para el Metro de Londres y en el cual se utilizan los contadores de personas de Counterest para monitorear el flujo de pasajeros en todo momento. Se trata de desarrollar un modelo predictivo basado en como fluctúa el conteo de personas a lo largo del tiempo, cosa que permitirá diseñar una oferta más alineada a la demanda real y, eventualmente, construir un sistema de transporte basado en la oferta dinámica.